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La tarea está sobre la mesa

-15 de Agosto de 2022

 
Por Juan Carlos Loera de la Rosa-. En estos tiempos en que se mezclan las frustraciones, el coraje y la tristeza ocasionada por grupos criminales sin escrúpulos, salvajes y hasta podríamos decir inhumanos que en recientes hechos han arrancado la vida de tajo de personas inocentes, nos obligan a mantenernos unidos como sociedad.

Como nunca, familias, iniciativa privada, trabajadoras, trabajadores, maestras, maestros, iglesias y gobiernos debemos avanzar unidos con el firme objetivo de sacar adelante a nuestra Ciudad Juárez, de construir una cultura de Paz que siembre condiciones de vida, de desarrollo y de oportunidades futuras para nuestras juventudes; que sean dignas y enfocadas principalmente a aquellos lugares de alta vulnerabilidad, donde viven las familias económicamente desfavorecidas.

Lo ocurrido el pasado jueves ha dejado una marca muy profunda e imborrable en la historia de nuestra querida frontera.

En memoria de los caídos, por el futuro de nuestras hijas e hijos, habremos de alzar la mirada, levantar los corazones, no perder la fe y la esperanza de que el bien siempre se impone ante el mal, y que la verdad y a justicia siempre llegan, aunque muchas veces se tarde.

Esta marca nos obliga a reflexionar sobre el origen y las condiciones propicias para que se dieran estos actos despiadados y faltos de toda sensibilidad por jóvenes que en su inmensa mayoría no pasan de los treinta años y que se han entregado a una absurda vida, que caminan hacia el precipicio como parte de una guerra sin razón.

¿Cuáles han sido sus condiciones de vida en nuestra ciudad?, sin duda la desigualdad, la falta de equidad, la situación de marginación de cientos de colonias juarenses que no tienen acceso a los espacios de sano esparcimiento familiar, a la cultura, a la vida en comunidad, al deporte, transporte público, colonias polvorientas donde se vive sin el derecho a la ciudad; territorios que fueron destinados desde su concepción por los latifundistas urbanos para ser cinturones de miseria donde la única esperanza sea la de convertirse en fuerza laboral para la industria; pero en las que las niñas y los niños viven y se desarrollan sin lo más elemental: la compañía de sus padres porque todo el día están trabajando y otra gran parte de su tiempo están transportándose para ir a su centros laborales.

Las condiciones sociales y urbanísticas en estos lugares deben cambiar. La grave descomposición que estamos viviendo es producto de décadas de abandono oficial, pero fundamentalmente en los últimos quince años, a partir de la violencia en 2008, donde miles de niñas y niños quedaron en orfandad abrupta y el Estado Mexicano y los beneficiarios del modelo económico fronterizo no fueron capaces de adelantarse y evitar lo que previsiblemente sucedería si no se atendían las causas y sobre todo las grandes carencias para el sano desarrollo de la niñez y la juventud.

Cómo habrían de cambiar las cosas si ya no era únicamente la pobreza material de las familias. Después de esa guerra se enfrentaron a condiciones de descomposición dentro de los hogares y a un ambiente externo muy agresivo, donde su principal distracción empezaron a usar las drogas.

Quienes realizamos una función gubernamental debemos reconocer nuestros errores para no repetirlos y asumir las demandas de la sociedad. Más allá de los números fríos que brotan de las estadísticas, los tres órdenes de gobierno debemos compartir nuestras experiencias en campo, lo que la gente nos dice y pide ser escuchada.

Entiendo muy bien que la sociedad exige justicia y castigo a los responsables, que se combata a los criminales con cuerpos policiacos altamente capacitados y eficientemente entrenados, grupos de inteligencia que capturen a objetivos prioritarios o líderes criminales. Sin embargo, la principal estrategia seguirá siendo la prevención y atender las causas que arrojan a los jóvenes a las conductas anti sociales.

Y esto nos trae a la reflexión principal de este escrito, la grave carencia de infraestructura social, urbana, cultural, deportiva, de asistencia sicológica que se debe atender urgentemente. ¿Cómo podremos parar esta violencia si no atendemos estas carencias? Si lo hacemos únicamente con táctica y estrategia policial (la cual es también necesaria) habremos fallado.

En la ciudad se estima que viven más de veinte mil jóvenes entre 12 y 18 años que han abandonado sus estudios y que son caldo de cultivo primero, para el consumo de drogas, luego para ingresar al mercado del tráfico y venta, y finalmente para delinquir para obtenerlas.

Según algunos estudios, en nuestra ciudad al menos existe un mercado potencial de 150 mil personas que consumen o han consumido alguna droga, 30 mil de ellos han tenido algún conflicto con la Ley; 15 mil requieren asistencia médica y ocho mil requirieron internamiento.

La tarea está sobre la mesa En resumen, se estima que existen 50 mil consumidores habituales, sin duda un mercado multimillonario que se convierte en la manzana de la discordia para los cárteles de la droga. El narcomenudeo es el principal generador de violencia en nuestra ciudad y las personas que sufren de adicciones su mercado; una situación es compleja en una ciudad que no está preparada materialmente para atender médicamente este problema, pero que tampoco ha sentado bases para evitarlo.

La tarea urgente es atender el grave problema de las adicciones, que hace que miles de vidas se estén desperdiciando, muchas de ellas también en las colonias populares donde viven las y los trabajadores que son el motor económico de la ciudad pero que se enfrentan a grandes desigualdades para sacar adelante a sus familias.

Tenemos que trabajar juntos para que ningún joven falte a la escuela, que tenga atención integral de las y los maestros, de psicólogos, artistas, entrenadores deportivos y que sean prioridad en las políticas públicas.

Juan Carlos Loera de la Rosa

El camino es atender a la niñez y a nuestras juventudes

La tarea está sobre la mesa

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