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Cancionero Ha nacido una estrella FÉLIX CORTÉS CAMARILLO Cancionero  Ha nacido una estrella        FÉLIX CORTÉS CAMARILLO
He´s a hero that can please the crowd
A star is born
Come on everybody shout out loud
A star is born.
Disney, A Star is born

Desde que se deshizo de Chabelo, la televisión abierta de México no tiene nada que ofrecernos los domingos por las mañanas –ni cualquier otro día- a no ser que las repeticiones interminables de las peores películas de Cantinflas, las que fueron hechas a colores. Por eso me agradó la sorpresa ayer, de encontrarme en la tele con el inicio de la película “Nace una Estrella”. No la estupenda producción de 1954 con Judy Garland y James Mason, ni la versión de 1976 con Barbra Streisand y Kris Kistofferson. Era la mera mero original de 1937 con la no menos feucha Janet Gaynor y Fredric March. El sentimental melodrama de la aspirante actriz que conquista al decadente y alcohólico ídolo de la pantalla prometía noventa minutos de distracción.

Alianzas contra natura Héctor Aguilar Camín Alianzas contra natura Héctor Aguilar Camín
Se escandalizan muchos, con buenas razones, por la manera como las alianzas electorales de la partidocracia de estos días cruzan, diluyen o contradicen identidades partidarias.

Va tomando carta de naturaleza lo que muchos siguen pensando como “alianzas contra natura”, “mezclas de agua y aceite”, etcétera.


¿Le importa a Peña (y a Meade) la CNDH? Carlos Puig ¿Le importa a Peña (y a Meade) la CNDH? Carlos Puig
Me pregunto cómo es que podrá compaginar José Antonio Meade su propuesta de modernización, de hacer de México una “potencia”, cómo es que pondrá a México en “otro nivel” —sus palabras, no las mías— después de que su partido ignoró los llamados de la ONU y cualquier cantidad de organismos internacionales y nacionales preocupados por la ley de seguridad interior recientemente aprobada.


Contratos mineros y petroleros en la red J.Jesús Rangel M. Contratos mineros y petroleros en la red J.Jesús Rangel M.
El Instituto de Gobernanza de Recursos Naturales (NRGI, por su sigla en inglés), que encabezan el ex presidente de México Ernesto Zedillo y el ex director del Instituto del Banco Mundial Daniel Kaufmann, presentará en 2018 una base de datos de empresas petroleras y mineras para avanzar en la gobernanza sobre recursos naturales y el combate a la corrupción.


Los impuestos, espada de Damocles Jorge Fernández Menéndez Los impuestos, espada de Damocles Jorge Fernández Menéndez
No para los especialistas, pero para la opinión pública sí ha pasado desapercibido uno de los temas que mayor influencia tendrá en nuestro futuro: la reforma fiscal que Donald Trump ha logrado finalmente imponer en EU. En términos sencillos se puede sintetizar diciendo que los impuestos a las empresas bajarán del 35% al 21% de sus utilidades.

El gabinete de López Obrador Raymundo Riva Palacio  El gabinete de López Obrador Raymundo Riva Palacio
La ganas, sin escuchar razones, dominan las acciones de Andrés Manuel López Obrador. Generalmente, sobre todo en acciones fundamentales, como fue la sugerencia de sus asesores de no realizar el plantón en Paseo de la Reforma en protesta por el resultado de la elección que le dio a Felipe Calderón la Presidencia por el costo que entrañaría. Como lo advirtieron, aquella protesta que trastocó la actividad económica en la Ciudad de México, se le sigue recordando de manera negativa. Este tipo de exabruptos políticos no los ha corregido.

Pepe Grillo Fiesta sin paz Pepe Grillo Fiesta sin paz
Los dirigentes de Morena y PRD han alimentado la animadversión entre ambas formaciones políticas.

López Obrador no se cansa de descalificar a sus ex compañeros de partido quienes se las regresan de todas, todas.

Ráfagas -El PRI Municipal secuestrado Ráfagas -El PRI Municipal secuestrado
SECUESTRO.- Indudablemente que el Comité Municipal del PRI ha sido secuestrado por el exalcalde de Chihuahua Marco Quezada a través de Teokali Hidalgo, debido a que todos los nombramientos son para la gente vinculada con el ex presidente municipal y que, dicho objetivamente, no reflejan liderazgo alguno.


El Diario Testigo protegido ´canta´ en el Congreso  El Diario Testigo protegido ´canta´ en el Congreso
El testigo protegido de lujo que mantiene en sus garras el nuevo amanecer, Jaime Herrera Corral, fue llevado con algo de discreción al Congreso del Estado el sábado. Renovado examen de conciencia, confesión complementaria.

Estuvo el codiciado exfuncionario estatal algo así como una hora ante supuestos asesores de la comisión de Fiscalización del órgano legislativo. Hubo algunas preguntas “estrictamente técnicas”. Las respuestas habrían sido en la misma calidad.


Un rinconcito Hoy de Cristo para ti: Recuerda que no eres tú, es Él Un rinconcito Hoy de Cristo para ti: Recuerda que no eres tú, es Él
En medio de las dificultades se nos olvida que no somos nosotros los que tenemos el poder de salir adelante sino que es Dios quien nos da la capacidad para hacerlo.

Y es que cuando vemos venir los problemas, cuando nos encontramos en medio de la crisis o en medio de esos desiertos duros de la vida, se nos olvida que la capacidad de actuar de Dios es ILIMITADA.







Universidad y Cultura / « Llegaron las aguas por Mario Vargas Llosa»
    Fecha: 02 de Abril del 2017 | Reportero(a) Manuel Cabrera

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*PIEDRA DE TOQUE
Llegaron las aguas por Mario Vargas Llosa
Llegaron las aguas por Mario Vargas Llosa

 

El fenómeno del Niño ha causado verdaderos diluvios en Perú. No recuerdo un sobresalto tan generoso y tan unánime de la sociedad ante una tragedia nacional

 

Mi venida al Perú ha coincidido con una de las peores catástrofes naturales que haya sufrido en toda su historia. Desde hace tiempo, en el verano, el fenómeno del Niño acrecienta las lluvias y hay a veces inundaciones y huaycos (aludes y riadas) que provocan daños materiales y humanos, sobre todo a lo largo del litoral norte del país. Pero este año, el calentamiento de las aguas del Pacífico y su consiguiente evaporación al chocar contra la Cordillera de los Andes han causado verdaderos diluvios que desde hace dos semanas destrozan caminos, casas, desaparecen aldeas, inundan ciudades y provocan tragedias por doquier.

Las frías estadísticas —cerca de un centenar de muertos, más de 100.000 damnificados, puentes y carreteras destruidos, daños que bajarán por lo menos un punto el producto interior bruto de este año— no dan cuenta del sufrimiento de millares de familias, que, sobre todo en Piura, Lambayeque, Ancash, Apurímac y La Libertad, pero con repercusiones en todo el territorio nacional, han visto desmoronarse sus vidas en tragedias sin cuento, perdiendo seres queridos, medios de sustento y descubriendo que su futuro era devorado de la noche a la mañana por la incertidumbre y la ruina.

Las últimas imágenes que he visto de Piura en la televisión cuando me sentaba a escribir este artículo me han dejado horrorizado, las aguas del río han ocupado todo el centro de la ciudad y en la plaza de Armas, junto a la catedral, y en la avenida Grau la gente avanzaba con el agua hasta la cintura y, en trechos, hasta los hombros, en un inmenso lago fangoso en el que flotaban animales, enseres domésticos, ropas, muebles, arrebatados por las trombas de agua del interior de las casas y edificios anegados. El colegio San Miguel, donde terminé mis estudios secundarios, antigua y noble casona republicana que era ya una ruina con ratas y que iba a ser convertida en un centro cultural —promesa que la incuria de las autoridades incumplió— pasó ya del todo, por lo visto, a mejor vida. Produce vértigo imaginar a las criaturas y a los ancianos arrastrados por los aniegos y torrenteras armadas de barro, piedras y árboles decapitados.

Cuando fui a vivir a Piura por primera vez, en 1946, la ciudad y sus contornos se morían de sed

Cuando yo fui a vivir a Piura por primera vez, en 1946, la ciudad y sus contornos, rodeados de arenales desiertos, se morían de sed. El río Piura era de avenida y las aguas sólo llegaban en el verano, cuando se deshelaba la cordillera y, convertida en cascadas y arroyos, bajaba a traer la vida a las calcinadas tierras de la costa. La llegada de las aguas a Piura era una fiesta con fuegos artificiales, bandas de música, valses y tonderos, y hasta el obispo metía sus pies en el agua para bendecir a las aguas bienhechoras. Los chiquillos más valientes se arrojaban al flamante río Piura desde lo más alto del Puente Viejo. Sesenta y cinco años después, las mismas aguan que traían ilusiones y prosperidad, acarrean la muerte y la devastación a una de las regiones peruanas que se había modernizado y crecido más en los últimos tiempos.

Curiosamente, esta tragedia parece haber tocado una fibra íntima en la sociedad en general, pues el pueblo entero del Perú da la impresión de haberse volcado en un movimiento de solidaridad y compasión hacia las víctimas. Una movilización extraordinaria ha tenido lugar, de gente de toda condición, que, deponiendo prejuicios, rivalidades políticas o religiosas, presta la ayuda que puede, llevando frazadas y colchones, haciendo colectas, armando tiendas de campaña en las zonas de emergencia, o poniendo en marcha las cocinas populares. Hay que decir que, a la vanguardia de este movimiento, está el Gobierno entero, empezando por el presidente de la República y sus ministros, a quienes se ha visto repartidos por todos los lugares más afectados, dirigiendo las operaciones de salvamento junto a las brigadas de militares y de voluntarios civiles. Y yo mismo he visto a mis dos nietas más pequeñas, Isabella y Anaís, preparando dulces y golosinas con sus compañeros de clase para venderlas y recabar fondos de ayuda a los damnificados. No recuerdo un sobresalto tan generoso y tan unánime de la sociedad peruana ante una tragedia nacional (y eso que, aunque con largos intervalos, nunca dejan de ocurrir).

Tal vez los peruanos estén diciéndole a la naturaleza ciega y cruel que no se dejarán abatir por lo ocurrido

Tal vez este hecho excepcional sea una respuesta inconsciente a la tremenda injusticia que significa la catástrofe del Niño Costero (así se le ha bautizado). Aunque todavía hay muchas cosas que andan mal en el país, la verdad es que, haciendo las sumas y las restas, desde que en el año 2000 cayó la última dictadura que padecimos, el Perú andaba bastante bien. La democracia funcionaba y, me parece, había un enorme consenso nacional a favor de mantener este sistema, perfeccionándolo y depurándolo, como el más adecuado —el único, en verdad— para progresar de veras, tanto en el campo económico, como en el social y cultural, creando cada vez mayores oportunidades para todos, desarrollando las clases medias, estimulando la inversión y respetando los derechos humanos, la libertad de expresión y la legalidad. Desde aquel año fronterizo hemos tenido cuatro Gobiernos nacidos de elecciones libres, y, aunque la corrupción haya envilecido la gestión de por lo menos dos de ellos, lo cierto es que el país ha progresado en estos 17 años más que en el medio siglo anterior. Nadie duda que la corrupción es un tóxico que amenaza la vida democrática. Pero la libertad es el instrumento primordial para combatirla de manera eficaz y erradicarla. Una prensa libre que la denuncie, una justicia independiente y gallarda que no tema enjuiciar y sancionar a los poderosos que delinquen. Una opinión pública que no tolere las picardías y las coimas. Todo eso ha estado ocurriendo en este Perú sobre el cual, de pronto, se desencadenaron los elementos para golpearlo con ferocidad. Tal vez los peruanos que han reaccionado de manera tan rápida, apoyando con tanto empeño a las víctimas, estén diciéndole de este modo a la naturaleza ciega y cruel que no se dejarán abatir por lo ocurrido, que lucharán para reconstruir aquello que ha sido derribado y, aprovechando la lección, tomar precauciones para que los huaycos del futuro sean menos depredadores.

Escribo este artículo en Arequipa, mi ciudad natal, donde he venido a hacer una nueva entrega de libros a la biblioteca que lleva mi nombre. Mientras lo escribía he tenido todo el tiempo en la memoria, junto con las imágenes de los piuranos con el agua hasta el cuello, entre los tamarindos de la plaza de Armas, a un personaje literario que siempre he admirado: Jean Valjean, el héroe de Los miserables. Las injusticias más monstruosas le cayeron encima; fue a la cárcel muchos años por haber robado un pan; Javert, un policía tenaz y despiadado, lo persiguió toda su vida, sin permitirle un solo día de paz. Pero él nunca se dejó abatir, ni vencer por la rabia, o por la desmoralización. Cada vez se levantó, enfrentándose a la adversidad con su limpia conciencia y su voluntad de supervivencia intacta, hasta aquel instante supremo de la muerte, con los candelabros en las manos de Monseñor Bienvenue, que se los había entregado diciéndole: “Te he ganado para el bien”. Hay momentos privilegiados en que los países pueden ser tan admirables como los grandes personajes literarios.

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© Mario Vargas Llosa, 2017.

http://elpais.com/elpais/2017/03/31/opinion/1490954797_466415.html

 

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