Un grupo de policías, presuntos integrantes de una banda de
traficantes de droga en el aeropuerto, al ser sorprendidos por otros
policías, los asesinan por la espalda. Esto sucede en un espacio público
dentro del principal aeropuerto de México, el del Distrito Federal.
Los hechos inundan los espacios informativos durante todo el día. A
lo largo de la mañana corren diferentes historias de fuentes “cercanas” a
la Secretaría de Seguridad Pública, al aeropuerto, al gobierno federal.
El vocero de la secretaría enreda más las cosas. El vacío se llena de
rumores y versiones no confirmadas.
Doce horas más tarde, sí, doce horas es lo que necesitan para
escribir un párrafo, la Secretaría de Seguridad Pública hace público un
boletín de prensa que dice, entre otras cosas, lo siguiente: “Una unidad
de investigación de la Policía Federal implementó la mañana de este
lunes 25 de junio un operativo para la captura en flagrancia de dos
elementos de la Policía Federal, sujetos a investigación, adscritos al
AICM vinculados con las actividades de la red de tráfico de droga.
“Los dos elementos investigados, al verse descubiertos por la Unidad
de Investigación de la Policía Federal, realizaron disparos para evitar
su captura, con lo que privaron de la vida a tres elementos federales”.
Eso nos puede decir la secretaría 12 horas después de que han sido asesinados tres de sus elementos.
Es un lunes.
Para el miércoles en la noche han pasado 72 horas desde que un grupo
de policías federales ha asesinado a otros policías federales.
Nos hemos acostumbrado a muchos horrores en el país, los
descuartizados y los colgados, los videos y los mensajes. Vale la pena
hacer una pausa y volver a pensar lo que sucedió el lunes.
La Policía Federal es la institución que esta administración ha
presumido como un modelo en materia de seguridad. Se le han invertido
millones, dicen que se ha hecho un esfuerzo de reclutamientos inédito en
universidades.Dicen que ganan más de los que jamás han ganado policías
en el país. He recorrido como periodista algunas de sus instalaciones:
impresionantes, dotadas de lo más avanzado en tecnología. Cuando se
habla de mando único, de policía nacional, es de este modelo de policía
en el que se está pensando.
Y es esta la policía en la que agentes destacados en el Aeropuerto
Internacional de la Ciudad de México se han estado corrompiendo por
meses —según el propio boletín de la SSPF— y, cuando son atrapados,
matan a sus compañeros.
Compañeros, por cierto, que llevan meses investigando a sus compañeros.
Sigamos.
El jueves, por fin, Luis Cárdenas Palomino, de la Policía Federal,
apareció frente a los medios para dar una conferencia de prensa (¿dónde
está el secretario? ¿El asesinato de tres de sus elementos a manos de
traidores no es suficiente para que él de las explicaciones?).
De manera minuciosa explica los antecedentes y lo que hasta ese
momento han logrado reconstruir de lo sucedido el lunes. Muestra algunos
videos, ofrece una recompensa, insinúa que hay más servidores públicos
—tal vez de Migración o de Aduanas— involucrados en la red de
narcotráfico.
Y casi al final dice lo siguiente:
“Las cámaras de videovigilancia que debían registrar lo que estaba
sucediendo fueron orientadas hacia otro lugar cuando la referencia
pública de los testigos fue que de manera abierta todos observaban hacia
dónde se suscitaba el incidente y que todas fijan su atención al lugar
de los hechos, el sistema de videovigilancia se dirigía hacia otro
lado…”
Unas horas más tarde, la Dirección de Comunicación Social de la
Secretaría de Comunicaciones y Transportes circula un boletín de prensa
del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México donde refuta a
Cárdenas Palomino y dice sobre la cámara que según Cárdenas apuntó
deliberadamente hacia otro lado:
“2. Es importante precisar que la operación de esta cámara en
particular está en forma predeterminada, es decir, que siempre está
orientada al monitoreo en el mismo sitio sin que se aprecie ningún
cambio en el patrón de monitoreo, situación que es del conocimiento de
los peritos en informática de la Procuraduría General de la República”.
Recuerdo al lector, por si se confunde, que tanto la Secretaría de
Comunicaciones como la de Seguridad Pública pertenecen al mismo
gobierno. Y que la conclusión de la cámara que apunta adonde no debe,
fue dada a conocer 72 horas después del suceso. Es decir, hubo tiempo
para que se hablaran. Todos los secretarios de Estado tienen en su
escritorio un teléfono rojo para hablarse entre ellos. Yo los he visto.
En fin. Todo esto cinco años y medio después de haber hecho de la lucha contra el crimen organizado la prioridad del sexenio.
Todo esto cuando tres servidores públicos fueron cobardemente asesinados por uniformados sirviendo a narcotraficantes.
Twitter: @puigcarlos