Imputaremos a los partidos políticos cuyos
afiliados causen daños en las manifestaciones
públicas.
(Jorge Fernández Díaz,
Ministro del Interior)
MADRID.- Desinformación,
contradicciones, dialéctica barata e improvisación, dan a este gobierno una
imagen de dudosa capacidad para acabar, o al menos detener, la crisis económica
que enrarece el ambiente y mantiene a España en el ojo del huracán.
El país, como balón de futbol, circula
a gran velocidad por el campo europeo y parece que “la roja” perderá el partido
ante un combinado financiero y político que desea ganar la copa del mundo.
En poco más de tres meses, se comprobó
que los neoliberales no forman un grupo unido, ni atado ni bien atado, sino que
tiene varios niveles. Los países periféricos están atragantados por su deuda
pública y serán desprovistos de sus viviendas por falta de pago. Los dueños del
edificio europeo no perdonan ni a sus
socios ideológicos.
El Partido Popular en el poder
“ajusta” y hace recortes donde puede y quiere. Deja a instituciones históricas sin tocar y arremete contra
el raquítico bienestar que aún disfrutamos, reducido, chantajeado que se cae a
jirones y que siempre perjudica a los mismos.
Es tan grave y confusa la situación
que las autoridades, en su afán de remediar el mal, sólo consiguen aumentarlo
en forma alarmante.
Como oposición los populares no tenían
programa; hoy, en la Moncloa,
adoptan medidas sin una hoja de ruta fija. Los ministros de Economía y Hacienda
se desmienten a cada rato y están divididos en dos bandos: el que antepone las
exigencias de la UE
a costa de hundirnos más y quiénes apoyan a los grandes consorcios, les reducen
impuestos y amnistían a los defraudadores fiscales. 
Dice Mariano Rajoy que esta es la
única forma de crecer a medio plazo. De inmediato, lo seguro es que habrá seis
cientos mil desempleados más al terminar el año.
Ya cansados y aburridos los ciudadanos
no se creen nada. El apoyo al gobierno ha descendido en seis puntos, lo que
nunca antes había ocurrido en democracia.
De Guindos, “el delegado de Merkel”,
según el Grupo Mixto, viaja a Bruselas para recibir instrucciones y presenta
datos que no convencen al Eurogrupo. Vuelve con la cartera llena de reproches y
la amenaza de que España puede ser intervenida si no cumple y sin capacidad
para negociar.
Cristóbal Montoro revisa la hacienda
pública, da machetazos aquí y allá. Teoriza sobre la solvencia española y
arremete contras asalariados y, pequeños y medianos empresarios, incrementando
obligaciones y restringiendo derechos.
Del consejo de ministros salen órdenes
a montones. Cada funcionario las explica a su manera y pocos las entienden. La
claridad no parece ser la imagen de las autoridades españolas.
Se estremecen las Comunidades Autónomas
a las que se investigará y controlará para que no repartan millones a tutiplén porque
la banca central está casi en bancarrota.
Los que no cumplan y se empeñen en
gastar lo que no tienen serán sancionados severamente según la nueva normativa.
Para crecer, dice el PP, hay que
estimular a los grandes consorcios nacionales e internacionales, darles
facilidades, simplificar los trámites de contratación, reducir las presiones a
los sindicatos porque es la única fórmula para paliar el deterioro social que
aumenta sin descanso.
Pero resulta que se cierran comercios
y las perspectivas de crecer están en otra galaxia.
Mariano Rajoy está confundido. Huye, a
veces, de los periodistas como si fuera un famoso en escapada grácil o charla
con ellos después de haberse aprendido el discurso que no tenía preparado el
día anterior.
Los funcionarios informan pero en el extranjero. Los medios
de comunicación de otras partes de Europa y de Estados Unidos publican entrevistas
con ellos e informan de lo que se hace o hará
en
España. En los blogs de estos nos enteramos del presente y futuro de la nación.
Con la prensa española se reúnen continuamente y,
continuamente, se contradicen y hasta se rectifican. Sabemos que se reducen las
partidas para estimular la educación pública, se privatizan universidades y
colegios, se retiran respaldos a las bellas artes y los programas de
investigación se reducen al mínimo, lo que obliga a la emigración de la gente
valiosa.
Están en proceso de elaboración leyes que limitan la
libertad de huelga y ya comenzaron a mutilarse derechos sociales en la sanidad
pública.
Ahora, hay que reducir el gasto otros
diez mil millones de euros más, acto de prestidigitación que ni Houdini podría
lograr.
No hay día en que no aumente el
barullo. La bolsa desciende a los
niveles del 2009, la prima de riesgo
aumenta a 440 puntos y promete crecer más. El IBEX 35 cae un 15% entre enero y
marzo de este año y se maneja dinero negro por 240 mil millones al año, que
representa un 23% de la economía nacional.
Los bancos españoles adeudan al
Central Europeo 227,601 millones de euros.
Pese a ello los mercados internaciones no se convencen de
las buenas intenciones del gobierno y
reclaman mayor rapidez y más cortes para evitar el colapso de las finanzas en
el continente.
El pesimismo recorre las ciudades españolas. Produce
escalofríos y comienza a aglutinar a una sociedad que se ha visto apartada de
las decisiones pantagruélicas tomadas en la Unión Europea.
Tardaremos años, si es que lo logramos, en abandonar el
destartalado túnel oscuro en el que nos metieron. En el horizonte sólo se ven
campos desérticos e inhabitados.
Aumenta la economía sumergida, se inhabilita a jueces por
defender causas justas y las fiestas sólo se celebran en los cómodos recintos
del Congreso de los diputados.
Nos desprecian y minimizan, nos toman como al silbato del
sereno y la diplomacia soporta, a pie firme, los vaticinios adversos y los
fuetazos que nos llegan desde cualquier parte del planeta.
Créanmelo: el portavoz de un ministro desmiente a su jefe y
no pasa nada. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, apacigua pero es
rebasada por las contradicciones de los funcionarios, de los que mandan
mensajes inverosímiles y opuestos.
Ningún gobierno, ni siquiera el de José María Aznar, ha
sembrado tanta desconfianza como el actual en tan poco tiempo.
Después de cada reunión de la UE surgen más sugerencias: “España es la rémora”
y piden subir el IVA.
Adentro, Esperanza Aguirre, presidenta
de la Comunidad
de Madrid, oculta las negociaciones que hace para instalar aquí el mayor Casino
de juego de Europa.
Los ministros José Antonio Wert, Jorge
Fernández Díaz y Alberto Ruiz Gallardón, de Educación, Interior y Justicia, se
han convertido en los representantes de la ultraderecha española. No pierden el
tiempo. Éste último pasó de ser el funcionario mejor valorado al último lugar
después de manifestarse como un auténtico nostálgico del ultra-conservadurismo.
Entre sí, todos se abrazan y sonríen.
Después, cada uno hace ofertas inconcebibles: “si es necesario que el gobierno
central recupere la justicia, educación y sanidad, otorgadas a las comunidades,
que se haga” dice Aguirre.
Inmediatamente, la regaña: “Nada se tocará, el
articulado de la Carta Magna
seguirá igual”.
Pleitos allá y acullá. Rabietas y soberbias en primer plano. Hay desorden, se
agudiza; el respeto al político disminuye; se depaupera el nivel de vida y el
desprestigio oficial alcanza niveles inéditos.
¡Sálvese el que pueda… menos la
nación!
RDR