Debiera llamarse igualdad
sexual, lo que quiere decir igual número de oportunidades para hombres que para
mujeres en el servicio público o, mejor dicho, en la repartición del pastel. Le
han dado en llamar, pero sobre todo en establecer en ley y reglamentos, equidad
de género.
Se ha puesto de moda en México el asunto ahora que se
aproximan unas elecciones para las que los partidos políticos tienen que
aportar en una proporción adecuada candidatos y candidatas; la mayoría de los
partidos andan pariendo chayotes porque no tienen suficientes “atas”.
Cultural e históricamente, los mexicanos hemos relegado
a las mujeres a las funciones que se asumen como fundamentales de su sexo y
condición: parir, alimentar, administrar la casa y cuidar de sus críos. Nunca
se mencionó la labor cívica.
Sin duda erróneamente, pero así es. A consecuencia de
ello, formamos generaciones de mujeres que no estaban, y no están, capacitadas
para las funciones de la polis.
Hoy, los burócratas exigen que un 60-40 porcentual de
las candidaturas sean divididas entre hombres y mujeres, rumbo a un 50-50
futuro. Estamos a punto de presenciar que los escaños y las curules sean
ocupados por seres humanos cuyo único mérito sea su sexo.
Yo sé que lo que voy a escribir me enviará al catálogo
de los misóginos: ni en México ni en ningún otro país del mundo hombres y
mujeres somos iguales. No me refiero a la petite
difference que llevamos entre los muslos. Hay diversiad cultural,
educacional y vocacional.
A lo que voy: de la misma manera en que no podría
apoyar una legislación que privilegiara a los hombres por el hecho de serlo,
tampoco puedo apoyar su contraria.
Me queda un tema en el tintero: asumimos,
estúpidamente, que s+olo hay dos sexos en el mundo.
No hay estadísticas confiables pero se estima que en el
planeta el 10 por ciento de la población practica el sexo homosexual o lésbico.
¿Dónde se ubica esa imporatnte parte de la población, generalmente adulta,
economicamente activa, pagadora de impuestos y poseedora de derechos?
La llamada equidad de género es una gran patraña.